El Juez
Un juez iba a liberar a un preso de la cárcel, por lo que hizo pasar a uno por uno a una “entrevista” con él para ver quien merecía ser liberado. Al preguntar al primero por qué estaba allí este dijo:
“Estoy aquí porque me calumniaron y me acusaron injustamente”
Llamó al segundo y este contestó:
“Estoy aquí porque dicen que robé, pero es mentira”
De esta forma fueron pasando todos los presos y se declaraban inocentes. Hasta que llegó el último quien dijo:
“Estoy aquí porque maté un hombre. Hirió a mi familia y perdí el control y por eso lo maté. Pero hoy me doy cuenta de que lo que hice estuvo mal y estoy muy arrepentido”
El juez se levantó y dijo:
Voy a liberar a este último preso.
Todos se quedaron perplejos y dijeron. Pero ¿por qué lo vas liberar a él?
El juez contestó:
El castigo es para los que esconden su falta. La misericordia para los que reconocen su falta y se arrepienten.
Proverbios 28:13 “El que encubre sus pecados, no prosperará: Más el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia.”
LA NARANJA Y EL ATEO
Un ateo dictaba una conferencia ante un gran auditorio, y después de haber finalizado su discurso, invitó a cualquiera que tuviese preguntas a que subiera a la plataforma.
Después de unos momentos un hombre que había sido bien conocido en la localidad por su afición a las bebidas embriagantes, pero que había sido salvo recientemente, aceptó la invitación, y sacando una naranja del bolsillo comenzó a pelarla lentamente.
El conferencista le pidió que hiciera la pregunta; pero el hombre continuó imperturbable pelando la naranja, al término de lo cual, se la comió. Cuando terminó de comérsela se volvió al conferencista y le preguntó:
—¿Estaba dulce o agria?
—No me pregunte tonterías— respondió el orador con señales evidentes de enojo—. ¿Cómo puedo saber el gusto si no la he probado?
El borracho convertido respondió entonces:
—Y ¿Cómo puede usted saber algo de Cristo si nunca lo ha probado?
Salmo 53:1 Dice el necio en su corazón: No hay Dios.
Se han corrompido, e hicieron abominable maldad;
No hay quien haga bien.
La joya que perdió el árabe
Se cuenta que, cruzando el desierto, un viajero vio a un nómada sentado al pie de una palmera. A poca distancia descansaban sus caballos, pesadamente cargados con objetos de valor.
El viajero se le acercó y le preguntó: —¿Puedo ayudarle en algo? Me parece verlo muy preocupado. —Tiene razón —respondió el árabe—. Estoy muy afligido porque acabo de perder la más preciosa de las joyas. Extrañado, el viajero preguntó: —¿Y qué joya era esa?
—Era una joya como no volverá a hacerse otra. Estaba tallada en un pedazo de piedra de la vida, y había sido hecha en el taller del tiempo. La adornaban veinticuatro brillantes, alrededor de los cuales se agrupaban sesenta joyas más pequeñas. Prenda igual no podrá producirse jamás.
—Su joya debió haber sido preciosa —repuso el viajero—. ¿Pero no cree que con suficiente dinero se pueda fabricar otra igual?
—¡Imposible! —exclamó el árabe—. Es que la joya perdida era un día, y un día que se pierde no vuelve a recuperarse jamás.
Moisés, el legislador de Israel, le pide a Dios: «Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría» (Salmo 90:12).
Hay tres días en la vida de todo ser humano: ayer, hoy y mañana. El día de ayer no lo volveremos a vivir jamás. Una vez que se cumplan las veinticuatro horas del día, cae para siempre en el pasado irrecuperable.
El día de mañana no nos pertenece. El futuro pertenece al Autor del tiempo y de la vida. Desperdiciar el día de hoy sólo porque habrá un mañana es no reconocer que ese mañana no es nuestro.
El único día que es nuestro es hoy. Hoy es el día que podemos aprovechar para construir un mañana feliz, o desperdiciar y así echar a perder nuestro futuro. El hoy se nos ha dado con dos propósitos: prepararnos un buen mañana aquí en esta tierra, y preparar nuestra alma para toda la eternidad. Si queremos disfrutar de un buen fruto mañana, tenemos que sembrar buena semilla hoy. Y para nuestra alma, como dice la Biblia: «Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón» (Hebreos 3:7,8).
Este es el día más importante de nuestra vida. Tal como el nómada de Arabia, reconozcamos el valor de este día, que es nuestro. Con Cristo en el corazón, tendremos quien nos enseñe cómo aprovecharlo para vida eterna. Cuidemos esta joya así como cuidamos nuestra propia alma.
Hermano pablo.
Tomado de Aliento Diario
EL SOLDADO
El soldado, quien finalmente regresaba a casa después de la guerra, llamó a sus padres a San Francisco y les dijo:- “Mamá y Papá, voy de regreso a casa, pero tengo un favor que pedirles. Tengoun amigo que quisiera llevar conmigo.”- “Claro Hijo, respondieron sus padres, nos encantaría conocerlo.”- “Pero hay algo que deben de saber, dijo el soldado, fue herido gravemente durante la guerra. Pisó una mina y perdió un brazo y unapierna. No tiene a donde ir, y yo quiero que se venga a vivir con nosotros.”- “Lamento escuchar eso hijo. Tal vez lo podamos ayudar a encontrar un lugardonde vivir.”- “No, Mamá y Papá, yo quiero que viva con nosotros.”- “Hijo, dijo el papá, tu no sabes lo que estás pidiendo. Alguien con semejantes limitaciones seria una terrible carga para nosotros. Nosotros tenemos nuestras propias vidas y no podemos permitir que algo asínos interfiera. Yo creo que tu solo deberías venir a casa y olvidarte de ese muchacho. El encontrará una forma de vivir el solo.”A ese punto, el hijo colgó el teléfono. Los padres no escucharon nada más desu hijo. Días después, recibieron una llamada del departamento de policía deSan Francisco. Su hijo se había muerto después de caer de la azotea de unedificio. La policía dice que fue suicidio. Los devastados padres volaron hasta San Francisco y fueron llevados a la morgue para identificar el cuerpo de su hijo.Ellos lo reconocieron, pero para su horror, también descubrieron algo que no sabían, su hijo solo tenia un brazo y una pierna.
Dios nos ama tal cual somos, con nuestros defectos y virtudes, ¿por qué muchas veces no podemos ser como El nos dice que seamos y hacer lo que El nos manda?, uno de los mandamientos dice: “AMA A TU PROJIMO COMO A TI MISMO”, solo debemos abrir nuestro corazón y no ver las limitaciones físicas de los demás, si no ver lo que Dios ha puesto en su corazón, aceptarlos tal cual son, para eso nos quiere Dios, para dar palabra de vida, para entregarles una palabra de aliento, decirle que así Dios los ama, darles a conocer que hay gente que los necesita y que también los aman, “Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado¨

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