El Paralitico
Aquel día me desperté con mucha flojera y renegando. Con trabajo pude deshacerme de las cobijas. Me dirigí al baño arrastrando las piernas mientras maldecía el tener que levantarme de la cama sin poder quedarme en ella todo el día. Desayuné con los ojos tan cerrados como mi mente. Tal pereza me dominaba, que por no meter el pan en el tostador, preferí comerlo frío y beber la leche directamente de la botella. ¿porque tener que trabajar? ¡esa si era una verdadera maldición!
Salí de mi casa en dirección a la oficina en mi vehículo, observando en el camino el pavimento humedecido por la lluvia y seguía maldiciendo el tener que ir a trabajar. El semáforo marco alto y, de pronto, como un rayo, se colocó frente a todos los automóviles algo que parecía un bulto. Por curiosidad abrí mis ojos somnolientos y pude descubrir que lo que parecía un bulto, era el cuerpo de un joven montado en un pequeño carro de madera.
Aquel hombre no tenía piernas y le faltaba un brazo. Sin embargo, con su mano izquierda lograba conducir el pequeño vehículo y manejar con maestría un conjunto de pelotas con las que hacia malabares.
Las ventanillas de los automóviles se abrían para darle una moneda al malabarista que llevaba un pequeño letrero sobre el pecho. Cuando se acercó a mi auto pude leerlo; “Gracias por ayudarme a sostener a mi hermano paralítico”.
Con su mano izquierda señaló hacia la banqueta y ahí pude ver a su hermano, sentado en una silla de ruedas colocada frente a un atril que sostenía un lienzo y movía magistralmente con su boca un pincel que daba forma a un hermoso paisaje.
El malabarista mientras recibía ayuda, vio el asombro de mi cara y me dijo: ¿Verdad que mi hermano es un artista? por eso escribió esa frase sobre el respaldo de su silla.
Leí la frase que decía:
“Gracias Señor por los dones que nos das, contigo sé que no nos falta nada”.
Recibí un fuerte golpe en mi interior mientras el hombre-bulto se retiraba y el semáforo cambiaba del color rojo al verde.
Desde aquel momento, mi vida, mi interior, mi actitud cambió para siempre: ante aquellos jóvenes, yo era el paralítico!!.
Pelicula de la Vida de Billy Graham

Se está rodando una película en la que se plasma la vida Billy Graham y en la misma interviene un sobrino del evangelista.
Bajo el título “Billy: los primeros años” (Billy: The Early Years) se busca documentar la vida del evangelista más prominente de los últimos tiempos y la misma comienza con su adolescencia en Charlotte, Carolina del Norte.
Entre las escenas más relevantes se encuentra cuando Graham predicó en Río de Janeiro ante una multitud de brasileños en el Estadio de Fútbol Maracaná al cierre del Décimo Congreso de la Alianza Bautista Mundial.
Armie Hammer es el encagargado para encarnar a Graham en su años mozos, mientras que un sobrino del evangelista, también predicador, interpretará el rol de Billy en sus años más avanzados.
Según declaraciones dadas al diario The Tennessean, Hammer manifestó que “Nunca se ha hecho ninguna película basada en la vida de este hombre, y más allá de cualquier aspecto espiritual, Billy Grahan es una figura icono del siglo XX”.
“El ha ido a lugares y hecho cosas que nadie más ha podido y en todo con mucha gracia y este papel en realidad es muy difícil de interpretar” señaló Hammer-
Hammer ha señalado que está comprometido en relfejar el carácter de Graham – desde su acento hasta sus movimientos incluso sus motivos. Ha dicho que ha dedicado horas viendo videos de los sermones de Billy Graham.
Bill McKay, coproductor de la película y quien ya ha hecho dos documentales relacionados con Billy Graham, manifestó que el evangelista está preocupado pues que no quiere que “las imágenes que representen a Billy Graham enclipsen el rostro de Jesús”.
En este film también interviene el actor nominado al Oscar Hal Holbrook interpretando el papel de Charles Templeton, amigo y mentor de Billy Graham.
El rodaje comenzó el 26 de Marzo y se estima que su estreno entre los meses de Ocubre o Noviembre de este año.
Dificultades para adorar
Estoy completamente seguro de que hoy la gente está más que nunca abierta a la espiritualidad, pero no creo que tengamos más adoradores que antes. A muchas personas que conozco les agrada la música cristiana, me dicen que al escucharla se sienten relajados, o que sienten paz, y eso es bueno, pero que alguien se relaje usando la música que se escribe e interpreta para Dios no es por ello un adorador. En ocasiones, las personas más espirituales son las que más fácilmente yerran al blanco cuando de adorar verdaderamente se trata.
Al hablar de adoración, la mejor pregunta no es si vamos a adorar, pues siempre adoramos, o si seremos espirituales, pues seres espirituales ya somos, sino, a quién vamos a adorar con nuestro espíritu. La adoración es parte del ser humano, ya que fuimos creados para adorar, es imposible que no lo hagamos, y ya que tenemos espíritu, es imposible que no lo usemos. No es correcto decir «ahora» vamos a adorar, pues la adoración no es un momento, siempre estamos adorando. Podemos comenzar a cantar a Dios y le estaremos adorando en ese momento por medio del canto, pero la adoración es más que un momento y no siempre que se canta, aunque de canciones con letras cristianas se trate, se está verdaderamente adorando. Tampoco necesitamos aprender a adorar, o «fabricar» a adoradores, pues ya lo somos, lo que si podemos aprender es a dirigir a Dios nuestra adoración, a poner a Dios en el centro, a ser «verdaderos» adoradores.
Los hombres somos algo torpes en cuando a la adoración se refiere, por eso nos extraviamos fácilmente. Fuimos creados para adorar a Dios, pero nos confundimos y terminamos adorando la naturaleza (la flora y la fauna), las leyes físicas (la ciencia) o lo que es más común: quitamos a Dios del centro y nos adoramos a nosotros mismos. Por eso, para adorar verdaderamente necesitamos centrarnos en Dios.
Tenemos que estar muy atentos para no perder el centro de nuestra adoración —Dios—colocándonos nosotros. Adorar en verdad requiere saber en todo momento que no cantamos para nosotros mismos, para nuestro deleite o para sentirnos bien (descansados, relajados o emocionados), sino que lo hacemos para agradar a Dios, para su gloria y para su honra. Tomando esto en cuenta, pienso que gran parte de la música contemporánea que se escribe para adorar a Dios nos juega en contra, pues sus melodías y sus interpretaciones son tan elaboradas que terminamos centrándonos en el cantante o intentando entender qué quiere decir la letra y nos olvidamos de Dios.
Pero tampoco creo que sea este un problema exclusivo de nosotros, adoradores contemporáneos, pienso que cuando un israelita visitaba el tabernáculo, el templo de Salomón o el Herodes, enfrentaba el mismo dilema: centrarse en Dios o quedarse admirando dinteles, candelabros, metales preciosos o la elaborada artesanía.
Cuando alguien al cantar lo hace para sentirse bien ya no está adorando a Dios, sino sirviéndose a sí mismo. Siempre que adoramos al padre —recordando su grandeza, su dignidad, su majestad, sus atributos— terminamos alegrándonos, pero este no debe ser nuestro principal propósito u objetivo, sino el resultado o consecuencia. (Aunque no nos sintiéramos bien, deberíamos adorarle.) Esto me recuerda las fiestas de cumpleaños que me celebraban cuando yo era un niño. Mis padres se reunían con sus amigos para festejarme, me tomaban fotografías, se escuchaban canciones infantiles, me partían un bizcocho y brindaban refrescos. Pero al caer el sol, me enviaban a la cama, guardaban los globos y los refrescos y sacaban la cerveza, y el LP de Braulio, para festejarse ellos. Decían: los niños a dormir, ahora va la celebración de los adultos.
Adorar a en espíritu es muy fácil y está al alcance de todos, pero a dorar a Dios en espíritu y en verdad, requiere un esfuerzo conciente para dominar nuestros deseos naturales de ser el centro, dejar de deleitarnos a nosotros mismos para centrarnos en Él. Tenemos que recordarnos a nosotros mismos que Dios es creador y todo lo que existe por sus manos fue hecho; que Dios es el padre, y como hijos nos debemos a Él, pero sobre todo, y si lo anterior no fuera suficiente, recordemos que Dios, es Dios. Si a Dios estamos adorando, en verdad debemos de hacerlo.

![Validate my RSS feed [Valid RSS]](valid-rss.png)

